Fragmento de "El ombligo de los limbos"

“ … Allí donde otros proponen obras yo no pretendo otra cosa que mostrar mi espíritu. La vida es un consumirse en preguntas. No concibo la obra como separada de la vida. No amo la creación separada. No concibo tampoco el espíritu separado de sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los planes de mí mismo, cada una de las floraciones heladas de mi vida interior echa su baba sobre mí…”

miércoles, 25 de mayo de 2011

Escribo y reescribo para tener algo que borrar.



Mientras se sonríe de puertas abiertas,
como si el descaro sumara gracia
No se advierte el fondo lastimado,
el pavimento contra el rostro desfigurado…

Observar la realidad sin conceptos,
sería soltar la hoja sin ayuda del viento
porque cada vez que se da forma a algo
se pierde libertad, se pierde la esencia.

Donde la mente pone su pie los sentidos pierden la batalla…
Leer más...

¿Protagonista o Espectadora?


La espera es siempre igual, una fórmula matemática precisa, incluso limitada (entre 0min - 5min). 

Las escaleras mecánicas atestadas de gente, porque mientras se inventan las comodidades menos usamos nuestras facultades y; el andén, es una porción de convivencia predeterminada. Desearía no levantar la cabeza, perder la mirada en rostros ajenos, para recibir a cambio una sonrisa mediocre. No hay nunca novedad, son siempre los mismos reconcomios morales, los ensimismamientos, las comedias trágicas, la vida envasada al vacio. 

Agudizo mi oído para hallar alguna conversación desfachatada, una confesión  sin confesionario, alguna anécdota  en pijamas, algo abrumador, lo que sea, y nada encuentro, no hay continuidad de los parques, ni final del juego, ni siquiera el ombligo del limbo, no hay siquiera el desconcertante silencio que no existe, el Om que retumba en cada rincón sin que lo notes. Me aburro, desisto...

Las cosas en sí mismas son maravillosas, la línea amarilla y en tren a toda velocidad, los rostros a toda máquina son imposibles de fijar, y detrás de ti un mundo gris-monótono (un nuevo color), las luces amarillas-petalos-marchitos son una invitación a saltar, sin embargo mis pies son parte del suelo. Bastaría un paso para que termine la función, un paso que sería hacia adelante, realmente, terminaría hacia atrás e irreversible. Pero no importaría. 

Se detiene el tiempo, segundos antes que el tren, y la  discordia crece a mí alrededor, estoy entre bestias siendo tan desalmada, y mis otras personalidades también hacen presencia al evento, mi obstinación está por encima de todo limite existente, me convenzo de que he vuelto a la era de piedra, mientras  mis vecinos cavernícolas aun no conocen el idioma.  De cualquier manera, cambia la escena. 

Giro mi rostro con desdén, solo quiero huir, entre golpes voy al suelo, y sigo de pie en el mismo sitio, mientras me burlo de mi misma, una carcajada detiene mi pecho. Me falta el aliento, cierro mis ojos, y en medio del desmayo alguien toma mi hombro. Despierto en sus ojos almendra, su cabello como el  cobre que sin viento se mece y acaricia sus mejillas, no quiero levantarme, dejarle salvarme sería perderle el camino por siempre. 

¿De dónde habrá venido? 

¿De mi soledad proyectada en soledades vecinas?

¿A dónde se marcho tan rápido que mi vida continua intacta?

Leer más...

El coral que llevo colgado al cuello.




Te ofrezco el coral que llevo colgado al cuello, un minúsculo rastro de mar que me he robado del universo, mágico fragmento de lo que fui. No es parte de mí porque lo llevo, soy parte de ese pequeño detalle, porque intento fijar calcio multiforme a mí alrededor… Quizá así salvarme...

Pongo en tus manos mi coral-compañero-nocturno-en-medio-de-la-calle, es probable que se desvanezca antes de que lo palpes, pero quedará mi desapego en su lugar.

 Te doy la llave que guarda mi pecho, como un símbolo insulso, como quien entrega el cielo que no le pertenece, como quien te brinda lo inalcanzable, así como llevarte al museo para observar la única pared vacía. 

Toma la llave, pero no pienses, no te atrevas a abrir las puertas porque mis sentimientos se han convertido en ruinas y el suelo -si lo encuentras- es una trampa inestable.

Puedo obsequiarte el desliz, la rutina de drogarse con aromas comunes, la costumbre de cerrar los ojos mientras camino arropada de gentes para hallar un registro de olores, creer que he perdido la visión por un momento, ese manía de valerse de lo intangible, ¡Quédatela! (Ya no la quiero)…

Sería prudente que recogieras del piso las palabras que arrojo al viento, las palabras que doblo en el silencio y reaparecen en mis meditaciones, llévalas en tu maleta, así no vendrán arrastradas - esas perras - sollozando que las devuelva al papel…

Las ilusiones, no las necesitaras, y te pregunto: ¿Se las regalo a los pobres o alimento a los perros?

Leer más...