La espera es siempre igual, una fórmula matemática precisa, incluso limitada (entre 0min - 5min).
Las escaleras mecánicas atestadas de gente, porque mientras se inventan las comodidades menos usamos nuestras facultades y; el andén, es una porción de convivencia predeterminada. Desearía no levantar la cabeza, perder la mirada en rostros ajenos, para recibir a cambio una sonrisa mediocre. No hay nunca novedad, son siempre los mismos reconcomios morales, los ensimismamientos, las comedias trágicas, la vida envasada al vacio.
Agudizo mi oído para hallar alguna conversación desfachatada, una confesión sin confesionario, alguna anécdota en pijamas, algo abrumador, lo que sea, y nada encuentro, no hay continuidad de los parques, ni final del juego, ni siquiera el ombligo del limbo, no hay siquiera el desconcertante silencio que no existe, el Om que retumba en cada rincón sin que lo notes. Me aburro, desisto...
Las cosas en sí mismas son maravillosas, la línea amarilla y en tren a toda velocidad, los rostros a toda máquina son imposibles de fijar, y detrás de ti un mundo gris-monótono (un nuevo color), las luces amarillas-petalos-marchitos son una invitación a saltar, sin embargo mis pies son parte del suelo. Bastaría un paso para que termine la función, un paso que sería hacia adelante, realmente, terminaría hacia atrás e irreversible. Pero no importaría.
Se detiene el tiempo, segundos antes que el tren, y la discordia crece a mí alrededor, estoy entre bestias siendo tan desalmada, y mis otras personalidades también hacen presencia al evento, mi obstinación está por encima de todo limite existente, me convenzo de que he vuelto a la era de piedra, mientras mis vecinos cavernícolas aun no conocen el idioma. De cualquier manera, cambia la escena.
Giro mi rostro con desdén, solo quiero huir, entre golpes voy al suelo, y sigo de pie en el mismo sitio, mientras me burlo de mi misma, una carcajada detiene mi pecho. Me falta el aliento, cierro mis ojos, y en medio del desmayo alguien toma mi hombro. Despierto en sus ojos almendra, su cabello como el cobre que sin viento se mece y acaricia sus mejillas, no quiero levantarme, dejarle salvarme sería perderle el camino por siempre.
¿De dónde habrá venido?
¿De mi soledad proyectada en soledades vecinas?
¿A dónde se marcho tan rápido que mi vida continua intacta?
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