La fisura que me corta el cuerpo no es un secreto de Estado, es una verdad prostituta que se va mostrando a cualquiera a cambio de sus miserias.
No busca enriquecerse de a poco, es un objetivo de rebusque, hallar en la degradación de los demás una salvación de “por lo menos”, en donde cualquier cosa más arrastrada que sí misma es luz de burdel indicando que se acaba la función (por ahora).
El pecho se me va repudiando de lado a lado, los pies no concilian el piso, las neuronas van al barro, y del barro ascienden las ideas; la descomposición acecha sin armas, pero la pureza ni se resiste, ni se rehabilita.
Muerte lenta,
Resurrección intrínseca.
Siempre tenemos instrucciones para armar, pasos a seguir, conductas que adoptar, normas morales, éticas, religión, cualquier cantidad de cosas para domesticar lo que no es domesticable… Quizás para tener alguna certidumbre, los idiotas buscan seguridad, quieren estar presos, porque cuando estas preso de todos los “ismos” no hay que pensar… Yo me opongo; porque nunca se sabe lo que va a suceder. Y, ¿Las uñas? Pura ironía…
Fragmento de "El ombligo de los limbos"
“ … Allí donde otros proponen obras yo no pretendo otra cosa que mostrar mi espíritu. La vida es un consumirse en preguntas. No concibo la obra como separada de la vida. No amo la creación separada. No concibo tampoco el espíritu separado de sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los planes de mí mismo, cada una de las floraciones heladas de mi vida interior echa su baba sobre mí…”
jueves, 21 de abril de 2011
Continuo el abismo...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario